Espasmos

03

Éramos lo espontáneo hecho costumbre, sin caer en la rutina.
Nos quedamos en la arrogancia de un destino que no llegó pero lo intentó.
Y ebrios de orgullo, decidimos no darle más vueltas al presente.
Fue así como compilamos ‘ahoras’ que se rehusaban a ser pasado.
Intentamos sacarle la raíz cúbica a los hechos,
cuando sabíamos que la respuesta no daría más que 0.

Ese amor debía llegar a las 5 de la tarde.
¿A qué hora llegó?
A las 6, cuando nadie lo esperaba y nadie sirvió el vino.

Las llamadas fueron testigos de cómo se diluía el corazón al otro lado.
Qué asombro poder eclipsar la luz natural en los ojos de alguien más.
Porque había que organizar los escritorios para organizar las vidas.
Y era vital releer los apuntes para barajar probabilidades.
Resultaba imperativo ponerle un poco de sal a los días,
para no perder el gusto y seguir jugando a las victorias.

El otro se construye en función de los saltos que dan las coincidencias.
Se necesitaba ser fatalista para aceptar lo que estaba fuera de control.
Entre los vasos, las lunas llenas y las servilletas se extinguió el oxígeno.
Y así a cuatro manos se redactó un punto final que había sido pospuesto.
Pospuesto conscientemente porque la partida ya había acabado.
Y entre tres, no hay algoritmo que funcione.